jueves, 6 de enero de 2011

ELLA


Ella llora en alguna parte. Ella, desde que recuerda, siempre ha llorado. Ella ama a las personas y lo niega. Las personas la lastiman. La lastiman y ella llora.
Pasan los días, las horas, ella llora. Recuerda a su familia, ese oasis devastado. Las nubes visitan su mente, la pueblan de lluvias y costas salinas. Llora. Vaga desiertos caminos lunares, en ellos planta semillas bajo una sombra, son semillas de esperanza. Al alejarse mira la sombra, la olvida. ‹‹Es tan sólo una sombra›› se dice.
A veces la sorprende un escalofrío, es el miedo, la carne de la verdad negada. Entonces cierra los ojos y duerme, duerme mucho porque mañana saldrá el sol, ese triste luminoso que desmiente su decir nocturno.
Siguen pasando los días y la casa se llena de polvo, de vejez, ella llora porque también envejece. Los gestos se inundan de surcos de olvido, de simulacro de olvido. Ella mira a la reflejada y le dice que no envejezca, que aún hay tiempo, que vida sobra. Cierra el espejo y llora. Cruza los pasillos en busca de auxilio ‹‹socorro, algo me persigue››, pero es ella misma la que no se ve, la que siente perseguida de ella misma.
En algún punto se da cuenta y creo que sonríe. Por unos momentos sonríe de verdad. Sonríe sabiéndose perseguida, joven, mentirosa. Y ya no importa mentirosa o mentida, no importa la sombra ni las semillas. Por unos instantes sabe de la ficción, de la mentira inmiscuida en las cosas. Sabe de los colores y los cielos, de las sillas y las plantas. Sabe. No importa. Yo creo que cree saber, o que de todo corazón lo sabe. Yo no, por eso río embobecido, río mientras escribo de la hermosa persona que ella es.

3 comentarios:

Raúl dijo...

Un retrato intimista. Sentido...
Gracias por tu visita y por tu comentario.

Meme dijo...

Ella somos todas nosotras. Yo soy ella también. Y tú te has dado cuenta de lo bueno que es ser ella, pocos lo hacen y eso te honra, mucho.

moreiras dijo...

Ella también eres tú, su llanto es el tuyo, ella resuena en tu voz, ella se mira con tus ojos y te descubre, o la descubres, mirándote hondo, al filo mismo de tu pluma.